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HOLA SOY XABIER PELEGRIN

Joyería minimalista de diseño

Esta historia habla de belleza, de maestros y mucha pasión. En ella hay viajes inolvidables y errores que hubo que enmendar. Habla del sacrificio, del día a día. La línea de Xabier Pelegrin es el resultado de todo.

¿Quieres ver qué hay detrás? Quédate.

Cómo olvidarme de aquel verano en el que mi padre me abrió las puertas de su joyería – y mi nueva vida- aunque yo por aquel entonces no lo sabía. Fue un verano de trabajo duro y satisfacción. ¿Sabéis esa sensación de estar probando algo nuevo y el sabor dulce de después? Hablo de un pensamiento continuo, de joyas, de una nueva obsesión. Quise ir muy rápido, quise saberlo todo sobre el mundo de la joyería.

Y me matriculé en la escuela de EASO de San Sebastián, pensando que tras esos dos años de estudio, mi vida estaría resuelta. Ingenuo.

Pasé 8 años trabajando para mi padre en su taller y yo quería más. Necesitaba abrir horizontes y saber lo que se hacía más allá de estas fronteras. Cogí mis maletas y un avión que aterrizó en Edimburgo el 15 de Junio del 2014 a las 19,25h. Fueron semanas de búsqueda, paseos infinitos bajo la lluvia, joyerías, escaparates y muchos “no. Gracias”. Pensé que había sido rechazado más veces de las que podía soportar. Pero ese pensamiento voló.

Re-hice mis maletas y elegí otra ciudad, Glasgow. Será por joyerías – pensé. Toqué muchas puertas más, y tras una de ellas estaba Kevan Scott. http://www.kevanscott.com/ ganador de los premios VOWS en 2005, 2009 y 2010.

Fue mi profesor, mentor, inspiración… Quizá llegó a ser amigo, aunque en mi mente siempre estará la imagen de gran maestro, junto a mi padre. Creo haber aprendido de los mejores.

Aprendí nuevas técnicas, que no eran nuevas, pero que desde luego no se aprenden en los libros de texto de una escuela. “Un mago nunca desvela sus trucos”. Le encontré sentido a esa frase, aunque él a mí me los desveló todos. Conocí nuevos materiales, los toqué, los trabajé, los transformé. Y cada día me gustaba más hacerlo.

Podría haber parado ahí. Podría haberme dado por satisfecho. Pero no fue así. Algo resonaba dentro, parecido a lo que me pasó aquel verano en el taller de mi padre. Era hora de volver. 

Aunque sabía que volvía al mismo lugar, yo no tenía nada que ver con la persona que se había marchado año y medio atrás. Regresé a casa con una idea en la maleta, la de crear una línea de joyería minimalista. Crear mis propias joyas con carácter, personalidad y un estilo propio.

Diez años de estudio y trabajo me dieron la oportunidad de sacar mi esencia. No dudé. Necesitaba transmitir esa frescura que llevaba dentro, las ganas de innovar creando líneas limpias y únicas. Quería coordinar todo eso con procesos y técnicas de la vieja escuela.

Quería. Y lo he conseguido. Diría que esta es una historia con final feliz, pero lo cierto es que no ha hecho más que empezar.